Puck you very much
Él es la estrella a la que todos adoran odiar… y ella es la única capaz de establecerle límites.
No hay nada que Lucy James deteste más que los hombres arrogantes. Por desgracia, como consultora de relaciones públicas de los L.A. Hawks, vive rodeada de ellos. Y el peor de todos tiene nombre y apellido: Dax Temple. Exasperantemente atractivo y experto en protagonizar escándalos, Dax convierte la vida de Lucy en un suplicio. Ella no piensa hacer de niñera solo porque a la directiva se le pegue la gana, pero al pasar tiempo con él, empieza a preguntarse si ha entrado en un terreno del que no podrá salir ilesa.
No hay nada que Dax Temple odie más que perder. Bueno… eso y a Lucy James.
Ella es la última mujer que esperaba que se le metiera bajo la piel, pero cuanto más la conoce, menos piensa en el marcador y más en lo que sucede fuera del hielo. Cuando su mayor rival, Jack West, se une al equipo y pone sus ojos en Lucy, el instinto competitivo de Dax estalla. Entre jugadas sucias y una tensión insoportable, la línea entre el odio y el deseo se vuelve peligrosamente delgada.
Pucking your best friend
Nunca te enamores de tu mejor amigo… sobre todo si estás utilizando su cara bonita para vender tus sueños.
La vida de Maddie es un caos.
Sin casa, con el corazón hecho trizas y a punto de renunciar a su sueño de montar su propia agencia matrimonial, necesita una solución urgente. Por suerte, esa solución se llama Matthew Payne. Porque tener como mejor amigo a un jugador de hockey famoso y escandalosamente atractivo debería tener ventajas, ¿no? Como usar su habitación de invitados cuando no tienes dónde dormir… o su cara perfecta para tu campaña publicitaria. Solo tiene que enseñarle a convencer a una mujer de que es la única e indicada para él. Sin embargo, todo se complica cuando empieza a desear que no fuera tan buen actor. Y que dejara de pasearse sin camiseta por su apartamento.
La vida de Matt es perfecta.
Tiene el mejor trabajo del mundo, cero dramas sentimentales y ningún motivo para cambiar nada. Por eso no piensa permitir que Maddie publique una búsqueda oficial de «la mujer de sus sueños». Primero, porque esa mujer no existe; segundo, porque Maddie debería dejar de darle clases prácticas de coqueteo con contacto físico incluido; y tercero… porque la única mujer que le ha importado de verdad lo dejó pasar hace ya mucho tiempo. Y ahora duerme en la habitación de al lado.