Zane.
¿Está mal que lo observe?
Leif Anderson parece un chico simpático, amable y normal, el típico «chico de al lado».
A diferencia de mí.
Su acosador, un tipo repulsivo que se mudó a la casa de al lado de la de sus padres para vigilarlo.
Pero yo no soy el malo.
Soy quien va a protegerlo.
La policía no cree que esté en peligro.
Quizá tengan razón y todo esto sea producto de mi mente retorcida.
Ya me he equivocado antes.
Y por mucho que me lo justifique a mí mismo, mis motivos no son del todo puros.
Es imposible ver a un chico tan sexy paseándose con esos adorables gorros sin excitarme un poco.
Cuando descubre mi vigilancia secreta, estoy seguro de que se acabó.
No hay forma de que se crea mis razones para vigilarlo, pero no me denuncia por mi delito.
Siente curiosidad por mí de una forma que no esperaría de un chico heterosexual.
O, como pronto descubro, quizá no tan heterosexual.
Antes de darme cuenta, estamos embarcados en un viaje, explorando esta parte salvaje y emocionante de Leif mientras intento mantenerlo a salvo de cualquier daño.
Pero cuanto más nos acercamos el uno al otro, más me pregunto: ¿y si todo esto estuviera solo en mi cabeza?
¿Y si nadie viene a por él?
¿Y si la verdadera amenaza para Leif soy yo, el chico de al lado?
No comments:
Post a Comment